viernes, 20 de febrero de 2015

¿ Fue ZECHARIA SITCHIN un fraude o sus teorias CHARLATANERIA ?

CONCLUSIONES ACERCA DEL TRABAJO DE ZECHARIA SITCHIN.

Catalogar el trabajo de Zecharia Sitchin de fraude o charlatáneria  no tiene fundamento alguno.  El no falsificó ningún hallazgo arqueológico. No engaño a nadie, pues creía firmemente en su teoría acerca de los orígenes del ser humano, y la historia de los albores de la civilización no es, hasta ahora, una ciencia exacta. Zecharia Sitchin  murió en el 2010, a los noventa años de edad, rogándole a la comunidad  científica que le hiciera un examen de ADN a los restos de la reina Puabi, para así corroborar sus teorías. No importa si se equivocó al interpretar algunas tablillas sumerias, quizás Nibiru no exista o no esté donde el creyó que estaba, quizás el Enuma Elish sea una colisión estelar lejos del Sistema Solar, quizás los Anunnaki no eran extraterrestres sino humanos de una raza desaparecida.
Equivocarse en eso no lo convierte en un fraude. Son sus teorías, ideas planteadas desde la perspectiva del investigador que se atreve a desafiar el intolerante monopolio de la verdad.
Mientras los científicos que defienden la teoría evolucionista siguen buscando al antepasado común de humanos y primates, tratan de mostrar alguna cadena evolutiva en las proteínas de las secuencias de aminoácidos de las diferentes especies, enmudecen
ante el hecho de que la probabilidad de que una sola célula viviente surgiera espontáneamente de la sopa primordial es de 1/1’040,000, o cierran filas cuando alguien descubre huesos en formaciones geológicas de casi 100’000,000 de antigüedad, Zecharia Sitchin no tiene vacíos tan significativos en su teoría y tampoco la ha convertido en un pedazo de plastilina que se moldea según se necesite. Sitchin plantea que fueron los Anunnaki quienes aportaron la tecnología necesaria para el sorprendente desarrollo de algunas civilizaciones antiguas como los aztecas, los mayas, los olmecas, los egipcios y los incas, y quienes universalizaron la cultura, llevándola de un continente al otro. Esa teoría, que no es exclusiva de Sitchin pero que él desarrolla como nadie y persigue hasta el final, es una de las explicaciones más convincentes para enigmas como: los perfectos cortes de las piedras de Puma Punku en Bolivia, el nivel matemático necesario para lograr incorporar la circunferencia de la Tierra en las dimensiones de las pirámides egipcias y mayas, las gigantescas cabezas olmecas con rasgos africanos encontradas en México, el famoso avión dorado de los Tolima, los Vimanas o naves voladoras mencionadas en los textos sagrados
hindúes de miles de años de antigüedad, la monstruosa piedra “Hajar el Gouble” en Baalbek con sus más de 1,500 toneladas, el desplazamiento de bloques de concreto de más de 15 toneladas a las alturas de la fortaleza de Ollantaytambo en Perú, y el extraordinario cálculo del tiempo de los sacerdotes de la cultura maya, entre otros enigmas que atormentan a los defensores de la historia convencional. Su hipótesis sobre los dioses Anunnaki que vienen a nuestro planeta a buscar oro para fines tecnológicos nos obliga a reflexionar sobre el porque de la obsesión con el metal dorado de la mayoría de las culturas antiguas.
Zecharia Sitchin fue un incansable buscador de la verdad que no aceptó la historia convencional como la única verdad. A Sitchin hay que leerlo con mente abierta, pues si bien algunas de sus premisas pueden ser equivocadas, su gran legado es el universo de interrogantes que nos presenta, y que sólo podremos ver, si dejamos de lado las convenciones y por un momento empezamos a cuestionar en vez de repetir. Sitchin nos devuelve la capacidad de volver a hacernos las preguntas primigenias. Aquellas que, hace miles de años atrás, nos hicimos el primer día que decidimos mirar al espacio…